El valor de ser parte de la comunidad

El valor de ser parte de la comunidad

Desde distintas miradas sobre el ser humano –psicológicas, sociológicas, filosóficas, religiosas y artísticas, entre otras- se ha relevado el valor y la necesidad de la comunidad para la formación y plenitud de los individuos.

El Informe sobre Desarrollo Humano, elaborado cada año por el PNUD, entiende el desarrollo como la ampliación de las capacidades de las personas “y la característica de las capacidades es que se construyen socialmente pero se apropian individualmente” (IDH en Chile, Sinopsis, p. 21).

El IDH 2012 “Bienestar subjetivo: el desafío de repensar el desarrollo” identificó la satisfacción de necesidades básicas, los vínculos significativos con otros, el reconocimiento y respeto en dignidad y derechos y la posesión y desarrollo de un proyecto de vida propio como las capacidades de mayor incidencia en el bienestar subjetivo, así como la seguridad y el respeto lo son para el colectivo.

En la Comunidad Organizaciones Solidarias hemos experimentado el valor de reunirnos en torno a un espíritu y una misión común que ha permitido :

Ampliar las posibilidades de cada organización. Este valor ha sido evidente en el ámbito de las Políticas Públicas. La voz de cada organización es importante y tiene canales de expresión que permiten la construcción de una voz común.

Hacer aprendizajes eficientes en el contacto con la experiencia de otras organizaciones que trabajan en la misma área de servicio.

Acceder a ámbitos de difícil acceso individual como son las formación, la transparencia y, para muchas organizaciones, las políticas públicas.

Despertar un sentido más allá del quehacer específico de cada organización con la misión común de instalar la solidaridad como valor de la cultura.La Comunidad Organizaciones Solidarias es un espacio de reflexión, contención, interpelación y crecimiento en la que el modo de ir adelante es igualmente importante que su fin. Este modo se desarrolla en un espacio de encuentro donde se forjan relaciones de confianza, gratuidad y aceptación de las diferencias. Al ser comunidad, las organizaciones se fortalecen en su mística, muchas veces debilitada por la urgencia e inestabilidad económica, y se acompañan en la tarea común de la superación de pobreza y el fomento de la dignidad humana.