Este 15 de mayo se celebra el día internacional de la familia. Y me gustaría hacer el link con otro acontecimiento importante del mes, como el día del trabajo. ¿Cómo compatibilizamos dos áreas tan importantes de nuestras vidas? No importa el nivel socioeconómico que tengamos, siempre se presentará el conflicto sobre cuánto tiempo que dedicamos a cada una.

Todos nosotros realizamos una lucha cotidiana por para poder conciliar nuestras cargas laborales y la vida familiar, pero no siempre es posible. La ausencia de soluciones eficaces a este problema no sólo afecta en el trabajo a través de la baja productividad, el ausentismo, el aumento del estrés, entre otros, sino también a la vida familiar, social, física y psicológica de los trabajadores.

Cuando estos dos ámbitos de la vida humana nos entregan innegables satisfacciones, como poner a disposición de otros conocimientos, experticia, y capacidades lo que entrega complacencia en el trabajo; y contención emocional, personal, conyugal y parental dentro de la familia, se hace necesario lograr un balance.

Hoy estamos sumergidos en una vorágine donde la tecnología, la economía, los cambios políticos y sociales, irrumpen en nuestras vidas. Las mujeres se han incorporado al mundo del trabajo, asumiendo el rol de proveedoras y, en algunos casos, provocando que los hombres asuman roles propios del hogar, como el cuidado de los hijos. Agreguemos que la mayor expectativa de vida, ha motivado que muchas familias asuman el cuidado de sus adultos mayores en casa.

¡Cuánta responsabilidad nos ponemos sobre los hombros! Sin embargo, las jornadas laborales, salvo contadas excepciones, no se ha flexibilizado para permitir la correcta compatibilidad de estos roles. Con un poco de buena voluntad, es posible superar las jornadas de más de ocho horas, la dificultad de implantar el teletrabajo y la necesidad del presencialismo en el lugar de trabajo.

Países altamente desarrollados, como Holanda, Suecia, Dinamarca, Alemania y Suiza, tienen jornadas menores a 40 horas semanales y una alta productividad. Es cierto que hay una base, una educación y una mentalidad diferente en esos países, que permite ese progreso y la confianza en el cumplimiento de los plazos. Por eso es que hay que partir paso a paso. Así, a principios de este nuevo siglo, Chile se puso las pilas y se redujo la jornada laboral de 48 a 45 horas y restringió las horas extraordinarias. Eso ya es un avance (aunque seguimos siendo uno de los países que más trabaja según la OCDE).

¿Cómo podemos apoyar desde nuestra trinchera como Sociedad Civil? Pues proponiendo variadas formas de lograr que la familia y el trabajo formen un binomio virtuoso, sobre todo cuando nos orientamos a quienes están en situación de vulnerabilidad.

Una de las propuestas es, por ejemplo, emprendiendo. Hay organizaciones sociales, como la Fundación Rodelillo, que apoya a familias vulnerables, co- construyendo junto a ellas su propio proyecto de emprendimiento familiar. La Fundación Chile Unido promueve a la familia como piedra angular en la formación de buenos ciudadanos; una sociedad que integre de modo armónico la familia y el trabajo y que valore la libertad individual y el uso responsable de ella, realizando acciones acordes a alcanzar ese objetivo a esa línea. Cenfa, por su parte, se aboca a apoyar a familias con conflictos internos a través de terapias: muchos de los problemas surgen, justamente, porque los tiempos de familia son pocos y no son aprovechados plenamente por este núcleo tan importante para la sociedad.

Como en otras oportunidades, no me es posible incluir a todos quienes hacen un trabajo silencioso y cotidiano para alcanzar soluciones en este ámbito.

Alejandra Pizarro

Directora Ejecutiva Comunidad Organizaciones Solidarias