Este mes se celebra el día mundial de la salud y hay mucho por lo cual trabajar aún. Tal como el día de la mujer, no es un día para “celebrar”, sino para reflexionar sobre lo que significa este derecho inalienable para todas las personas.

¿Cómo definimos “salud”? Es uno de los elementos más relevantes para el desarrollo de una vida larga y cualitativa. Su importancia radica en permitir que el organismo se mantenga bien para poder realizar las diferentes actividades que están en su rutina diaria. Una buena salud se logra a partir de diversas acciones y puede mantenerse o perderse.

¿Cómo se pierde? Hay muchos motivos, algunos insospechados a simple vista: por ejemplo, el desempleo deteriora la salud. El Banco Mundial señaló el 2015, que casi 15 millones de personas están en esta situación en Latinoamérica solamente. Al disminuir los ingresos, cambia el estilo de vida, desde una dieta menos variada, reducción de la actividad física, la postergación de visitas al médico o compra de un medicamento, hasta posibles síntomas de depresión y ansiedad, que se canalizan a través del cigarrillo, un mal dormir o una mayor ingesta de alcohol.

¿Cuánto cuesta la salud? Más allá del costo monetario de consultas médicas, exámenes y remedios u hospitalizaciones, se suman las largas esperas, escasez de médicos, falta de infraestructura y otros, está el costo oculto, que tal como el desempleo, no siempre se ve primero: el sufrimiento, el dolor, la incertidumbre.

En 1996, la Organización Panamericana de la Salud señaló que el desarrollo no debe ser visto desde un foco exclusivamente economicista, sino considerar que la dimensión económica y la social están estrechamente ligadas. Para la OPS “la salud es un aspecto que muestra en forma clara y precisa las condiciones sociales y económicas de una sociedad”.

Y es ahí donde entramos en acción como organizaciones sociales y solidarias de la sociedad civil sin fines de lucro. Apoyando con casas de acogida a quienes llegan de lejos a buscar ayuda médica o a familiares de pacientes, por ejemplo, COAR Corporación de amigos del hospital Roberto del Río y Casa Oncológica Sagrada Familia ; otras que apoyan directamente a niños y niñas que padecen una enfernedad como lo son Fundación Debra (niños piel de cristal) o Fundación Nuestros Hijos (niños con cáncer) o Fundación María Jesús Vergara (niños con cáncer u otras patologías); para lograr un acceso a un tratamiento adecuado y suficiente. También las organizaciones que luchan por levantar políticas públicas que contemplen en los planes de salud enfermendades que hoy no son atendidas en el servicio público como lo es la Fundación Epilépticos Refractarios; otras dedicadas a ayudar a personas con discapacidad como Cristo Especial de La Legua, Fundación Crescendo, COANIL y Amigos de Jesús de Cerro Navia; y aquellas dedicadas a la salud de adultos mayores y niños. Hay muchos nombres que se me quedan fuera, pero el objetivo y las ganas se mantienen iguales.

Por ese conocimiento acumulado desde distintos ángulos, es imperativo que las miradas de las organizaciones sociales y su conocimiento en terreno sea considerado como parte integral de las políticas públicas que se creen en torno a la salud en un futuro. Lo mismo con los colegios profesionales. Siempre es un aporte la mirada objetiva y práctica de quienes están al pie del cañón con quienes necesitan la atención. Políticos y médicos pueden tomar de ellos las mejores ideas y prácticas para ir mejorando gestión, trato y tratamientos, sobre todo con los sectores más vulnerables.

Por ejemplo, en abril del año pasado, y tal como lo explica en su sitio web, en su rendición de cuenta pública en la V Región, Fonasa se reunió con representantes de diversas organizaciones sociales. Allí, coincidieron en la necesidad de fortalecer la salud pública en Chile y avanzar hacia un seguro único solidario, y, además, propusieron la realización de consultas ciudadanas como mecanismo de participación en el diseño del nuevo Plan de Salud de Fonasa. También hicieron distintas sugerencias.

Nuestra función como Comunidad de Organizaciones Solidarias, entonces, no es sólo subsanar la brecha que queda entre las personas y las definiciones de políticas públicas -como generalmente se nos puede mirar-, sino ser un aporte concreto, con ideas e iniciativas para avanzar de manera eficaz en este torcido sendero de la salud nacional.

Las organizaciones saben de primera mano lo que puede funcionar y lo que no, en distintos plazos. Llamo al Gobierno a tener una mirada de Estado, e incorporar las propuestas y buenas prácticas que las organizaciones civiles de la salud pueden hacer para lograr mejoras en el sistema nacional, en todos sus ámbitos. Estoy segura, no se van a arrepentir.

Por Alejandra Pizarro

Directora Ejecutiva Comunidad de Organizaciones Solidarias.